La brisa otoñal
lleva
perfumes embriagadores
Desolada con mi figura golpeada
ante la indiferencia
de una sonrisa analítica.
Siento
la complicidad de los maestros
con la que muestran
mi balanza inclinada.
Se mueven con ligereza felina,
incendian con sus proezas
este alma sangrante.
Prosperan
en mi mente
mientras duermo
enredada en mis telarañas.
Es mi agobio.
Contemplo los tentáculos
transparentes
que navegan en un mar infinito,
entonces me convierto
en un velero a la deriva.
Me descubro
en vertientes subterráneas,
sumergida en la insensatez
de mis fiebres.
Presa de mis ilusiones
clamo por la vida.
Colmada de deseos cromáticos,
busco
como enredadera perdida.
El tormento cava mis días,
me sepulto.
Entonces
miradas desconcertantes
me abrazan
en un silencio total
de pinceles mudos.
Es en él,
mi espacio lleno de mis colores
y mis manos,
plenos de mis momentos
lugar de mis sueños.
Es en él,
mi espacio
remanso de melodías
que llegan a mi sentir.
Es en él,
mi espacio
donde todas las manos fuertes
me sostienen.
Es en él, mi espacio
donde mis sueños encuentran
las mil formas.
Es en él, mi espacio
donde reina toda una cromaticidad,
que sólo reconoce
este eterno momento
llamado
dolor.
Artexier