Jacqueline Klein, de lo delicuescente, la búsqueda de la esencia (2010)

Jacqueline Klein conecta con lo delicuescente, con lo que no se ve, con la energía, con la energía etérica en el plano astral, pero, también con la energía física, mental, emocional y del aura en el plano tridimensional, en la dimensión densa.

Su obra es una continua búsqueda de momentos, instantes, energías, seres, caminos, sendas, laberintos, constataciones que observen, se encuentren, se hallen, en línea con una evidencia esencial, de aquello que no se ve, de todo lo que está sin que se pueda constatar y palpar a simple vista.
Una constatación sutil, frecuente, pero real y determinante, porque lo que no se ve a simple vista, influye, determina y se halla en la esencia, pero conectado de alguna forma con la presencia física.

Somos multidimensionales, la energía se mueve en distintos planos, por esa razón la obra de Jacqueline plasma esta voluntad energética, espiritual, de radiación constante en distintos planos, que muestra a través de formas delicuescentes, abstracciones y colores diversos armonizados o no, en línea con la transmutación y el cambio.
Un cambio que es consecuencia de la propia existencia. Todo lo que es está influido por ondas electromagnéticas, algoritmos, partículas, contaminación o no, esencias energéticas, etc. Por consiguiente, si vibramos a un nivel superior, actuaremos en consecuencia y atraeremos actuaciones de orden superior.

En cambio, si actuamos de manera densa y baja, se generará una reciprocidad densa, lenta, evidencias, alegorías y determinaciones varias, relacionadas con la materia, con la facilidad de conexionar con lo que no fluye de manera energética superior.
Klein Texier  aporta a la pintura actual la impronta de la energía, manteniendo una postura clara a favor de constatar los procesos alquímicos y químicos, energéticos y consustanciales a la espiritualidad y su actuación.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

 

 

Jacqueline Klein, vibración, onda, transmutación y cambio - (2009)

Jacqueline Klein Texier conecta con lo perceptible y lo imperceptible, buscando la energía, la transformación continua de la materia, en cada momento y lugar, en cada instante, a cada momento, siendo sutil enlaza con lo profundo de la existencia porque es evidente que su arte es parte de lo que no se ve pero que existe.
Sus series temáticas son componentes de un mismo todo, de la Urantia de toda la existencia, de los mundos y planetas, de la parte etérica, astral, vibracional, formulando continuos cambios en su evolución.

Capta este cambio, la inmaterialidad, pero, al mismo tiempo, la materialidad de la energía, a través del color, que le ayuda a expresar su percepción de lo que no se ve pero que está en estructuras, cuerpos físicos, entes, personas y demás seres.

Su pintura es expresiva, con toques abstractos y, al mismo tiempo, con fluctuaciones subconscientes, dotada de un cierto dictamen que busca la transformación perenne a partir de una alegoría de la vibración contenida en su voluntad de percepción que la conecta con la verdadera situación que describe.
No busca consolidar matéricamente la obra pictórica, sino que le encanta conectar con el gesto, la vibración del torrente cromático en estado puro, para resaltar los cambios y contrastes, como si fuera una auténtica catarsis de la energía.

Desborda su imaginación para conectar con lo delicuescente, con la formulación de una visión clara de un entorno que se transmuta debido a su propia idiosincrasia y al que la autora argentina no renuncia porque es consciente de que la propia existencia es variación continua en la vibración y la onda, pero, también, en la ascensión y en la elevación de lo que es.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

 

 

 

Jacqueline Klein Texier, Transmutabilidad... ( 2003)

Jacqueline Klein Texier muestra las consecuencias del psiquismo, de lo subjetivo, de las visiones que se suceden en el mundo de los sueños. Pero también se interesa por la transmutabilidad de los espíritus, la progresión del alma y por la espiritualidad. Para ello entra en conexión, viaja a través del color, abarcando formas fluctuantes, imprecisiones o manchas que son orgánicamente atractivas o bien estudios más concretos con presencias. Su pintura es muy dinámica, pero no en el sentido biológico del término.


En realidad se halla más interesada en exponer las consecuencias de su investigación de la serenidad de la conciencia, que no tiene porque representarse con líneas rectas o composiciones absolutamente medidas. En el fondo la vida, en sí misma, es una búsqueda continua de equilibrio, y, para hallarlo, debemos ser dinámicos, tener energía, ser constantes pero, a la vez inquietos y emprendedores.


Todo movimiento supone cambios y éstos, a su vez, implican asumir riesgos y responsabilidades. De ahí que su aproximación a lo espiritual a través de su pintura lo realice con energía, con un culto especial al movimiento, a desarraigar lo intuido de lo establecido. En realidad pretende aproximarse a una nueva concepción de lo real, a partir de sentirse parte indisoluble del mundo, sin renunciar a nada. La transmutabilidad del espíritu para Jacqueline es superior, incluso, al inmenso poder de la energía que surca libre la verdad de los mundos.

 

Sr. Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte.